El prado verde resplandecía por la mañana, la hierba era verde y el prado estaba lleno de hermosas cabras que comían de él.

Un pastor las paseaba todos los días por el monte y siempre que las cabras veían algo que se movía,  iban corriendo y intentaban comérselo.

El pastor un día se fue con las cabras a pasearlas pero, un día no volvió y su hijo Carlos, se fue a buscarlo en medio de el gran monte.

Salió de su casa con una linterna, una mochila gigantesca en la que llevaba de todo y, fe por encontrar a su padre, lo más importante, sano y salvo.

Su padre Jordi era la cuarta persona que desaparecía sin dejar rastro por el monte, ¡era todo un misterio!.

Tras largas horas de camino explorando el gran monte con el gran sol y sin agua con la que beber para seguir con fuerzas, seguía el camino para encontrar a su padre. Cuando menos se lo esperaba encontró una pista, las pisadas que había dejado él y las de sus cabras se veían en el barro pegajoso frente a una cueva, no tenía más remedio que entrar en la oscura y temible cueva.

Una vez que se decidió a entrar, vio que la cueva era en línea recta y cada vez que avanzaba mas se volvía mas oscura y tenebrosa. Por las paredes se desprendían finas telarañas que colgaban de las paredes y del techo. Tras largas horas de camino en línea recta sin cambios, encontró una bifurcación que seguía en línea recta y otra hacia la izquierda. Se paró a pensar por donde ir y lo decidió a suertes. Lanzó una moneda al aire si salía cara seguía rector, en cambio si salía cruz giraba a la izquierda. Salió cara y siguió recto, estaba muy cansado y sus piernas estaban muy cansadas para seguir caminando por aquella oscura cueva.

No podía más y tuvo que parar a descansar a comer algo, miró su mochila y se comió un trozo de carne de cerdo de su granja, el problema era que no tenia agua para beber. Cuando acabó de comerse aquella apetitosa carne siguió su camino hasta llegar a un tipo de habitación en la que había una gran cascada y una puerta bloqueada por grandes rocas que cubrían la entrada. Carlos se acercó a ella y vio que su padre estaba debajo de todo aquel escombro y empezó como loco a levantar todas las rocas para ayudar a sacar a su padre pero parecía demasiado tarde. Carlos como loco lo saco y lo llevo a la cascada y el mojó la cara con el agua que descendía de ella, era cristalina y transparente  lo mojó y remojó hasta que izo un gesto con el ojo derecho que le izo recobrar el conocimiento, Carlos salto de la alegría y su padre empezó a contarle lo que le pasó todo fue culpa de las cabras que se fueron detrás de un ciervo, que se metió dentro de una cueva y las cabras al ser tantas al intentar entrar por el camino derrumbaron al salida de la cueva y quede atrapado en ella. Desde aquel día Carlos y Jordi nunca volvieron a pasear a las cabras por el monte y las vendieron a otra granja cerca de la suya.