Todo comenzó una mañana  cuando volvía de estudiar con los recuerdos de aquel magnífico día. Subí muy despacio las escaleras pensando en aquel comentario que me hizo una compañera que me sorprendió bastante por la forma de expresarse. Llegué a mi puerta de casa, saqué mi llavero y abrí la puerta. De repente y sin pensar que podía pasar eso, mi madre, que estaba detrás de la puerta, la cerró con tal fuerza que vino a darme en toda la cara.  Sentí cómo mi cuerpo, poco a poco se iba desplomando hacia el suelo que, para colmo estaba muy resbalizo.

En el momento del encuentro de toda mi persona con el frío mármol que embellecía las escaleras oí un preocupante  ruido, acompañado de un eco tremendo. Al instante, sentí en mi cabeza que todo su contenido se revolvía muy lentamente. El estruendo provocado por mi caída alertó a mi madre. Tanto se asustó, que incluso semiinconsciente pude escuchar cómo palpitaba su corazón.  Creo que fue el peor día de su vida.

Instintivamente sintió que tenía que llevarme rápidamente a un hospital o perdería dos vidas, la mía y la de ella. Una vez allí, hicieron todo lo que pudieron conmigo, todas las pruebas precisas y todo lo necesario que me tenían que hacer. Hubo un momento en que mi padre tuvo un presentimiento dentro de él que hizo que mi madre estuviera más tranquila. Después de muchas horas de desesperación hubo noticias sobre mí. Estaba empezando a reaccionar y a mover muy poco a poco los ojos. A mi madre, al escuchar esa noticia se le abrió el cielo. Después de unos minutos en que mi reacción parecía ya definitiva, pudieron entrar a verme y saber cómo estaba. Primero entró mi madre acompañada de mi padre, y de repente dije que no sabía quiénes eran y que me sentía muy incómoda con la presencia de aquel hombre que en la vida de antes era mi padre.  El pobre,  salió llorando fuera de sala y solamente se quedó conmigo mi madre y le dije que sólo podía recordar a aquella margnífica persona, que era ella. Después de refrescarme la memoria con unas cuantas cosas, entró mi abuelo  con mucha preocupación. En aquel momento sentí una cosa dentro de mí que me hizo saber que era él. Le comencé a contar todo lo ocurrido y todo lo que me había pasado. Mi madre y mi abuelo me entendieron enseguida y ella intentó hablarme bien de mi padre y consiguió que yo lo entendiera. En dos minutos volvió a entrar mi padre y el reflejo de mi sonrisa le hizo comprender  que volvía a ser la chica que era siempre.

¡Todo empezó a ser como antes!…